Pan y piedras

En el Evangelio de hoy, Jesús ha estado 40 días sin comer, y así siente 40 días de hambre.  ¡Qué enormidad de hambre! Satanás insta a Jesús a transformar piedras en pan.

 

Sabemos que el hambre de bueno no tiene nada, ni se puede decir que el pan sea malo. Al contrario, Jesús mismo nos manda a pedir el pan de cada día.

 

Ni tampoco hay duda que Jesús tiene el poder para proveerse de pan.  El puede usar su poder divino para convertir piedras en pan y así dejar de tener hambre.  Incluso, Jesús mismo nos dice que si un hijo le pide pan a su padre, un buen padre no le daría una piedra (Lucas 11:11).  Por ende Jesús podría sacar pan de las piedras con sólo pedírselo a su padre, que es Dios y es bueno.

 

¿Por qué Jesús no lo hace?  Y, ¿cómo entender las palabras con que Jesús refuta a Satanás: "No sólo de pan se vive"?  Si te ofreciera un poco de jamón, ¿qué sentido tendría que me dijeras que no sólo de jamón se vive?

 

Sin embargo, estas palabras sí tienen sentido si quieres decir que estás lleno.  En otro evangelio Jesús dice, “No sólo de pan se vive, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4).  Jesús es la Palabra de Dios misma, y él vino al desierto lleno del Espíritu de Dios (Lucas 4:1).  Por esto, aunque padece hambre después de tan largo ayuno, hay otro sentido en que está lleno.

 

El rechazo de Jesús a la sugerencia de Satanás nos ofrece un modelo de vida.  Cuando sufrimos y se nos niegan aquellas cosas que creemos necesitar para vivir, no tenemos que desesperarnos.  Cuando tenemos hambre de lo que nuestro Padre no nos ha dado, aún tenemos la Palabra de Dios, que entra en nosotros y nos llena.  Jesús, piedra angular de la Iglesia, es también nuestro pan.  Y por esto podemos estar como él: llenos -- aún cuando, en los caminos pedregosos de nuestras vidas, no dejemos de tener hambre.