Dones para todos

La segunda lectura trata sobre los dones del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es en sí mismo un regalo del Señor que además al llenar a una persona trae consigo otros dones.

 

Algunos de estos dones se les ofrecen solo a determinadas personas. Los que la segunda lectura menciona corresponden a esta clase de dones. Pero existe también otro tipo de dones. Estos se le conceden a quienes viven en la gracia, y están presentes siempre en cada una de las personas que forman el pueblo de Dios.  
Esta lista de dones se encuentra en Isaías 11: 2-3. Tradicionalmente, la Iglesia ha identificado siete dones del Espíritu Santo en esta lista. Cuatro de ellos son dones para la mente: sabiduría, inteligencia, consejo y ciencia. Tres de ellos son dones para el corazón: piedad, fortaleza y temor del Señor. 

 

Estos dones ordinarios son como las raíces de un gran árbol en el alma de una persona. La nutren, la llevan a su desarrollo pleno y dan como resultado frutos para el Señor. 

 

Y así como los dones están presentes en los miembros del pueblo de Dios, también están presentes en ellos los frutos del Espíritu Santo.

 

La Iglesia ha transmitido tradicionalmente la enseñanza de que hay doce frutos del Espíritu Santo, desarrollando la lista a partir de la que se encuentra en Gálatas 5: 22-23, que es un poco más breve. Este listado comienza con los siguientes cinco frutos: caridad, gozo, paz, paciencia y longanimidad (o perseverancia).

 

La persona en quien habita el Espíritu Santo está unida íntimamente al Señor, a quien ama. Por lo tanto, el amor es el primer fruto del Espíritu Santo. Le sigue el gozo, causado por la presencia del amado. Y a este le sigue la paz. Si tu amado es para ti y tú eres para tu amado (Cantar de los Cantares 2:16), entonces puedes estar en paz. Ya con esto tienes lo que es más preciado. Y es por eso que entonces puedes también tener paciencia y perseverancia. Las dificultades más grandes del mundo pueden sufrirse más fácilmente si te ama ese a quien tú también amas y si está contigo.

 

Algunas personas tienen el don de profecía y otras  no. Pero a ninguno entre los del pueblo de Dios le falta el amor, la alegría, y la paz. Por eso dice el Señor de su pueblo: “Por sus frutos los conocerán.” (Mt 7:20)