Así son las cosas

En el Evangelio de hoy, por medio de señales en el cielo Dios hizo que llegaran los Reyes Magos al niño Jesús.  Resulta que no bastaron los signos celestes; fue una revelación especial sobre este niño el elemento que faltaba.  Cuando al fin encontraron al niño, los reyes le dieron regalos lujosos.  Entonces Dios les advirtió a los reyes por medio de un sueño que no volvieran al rey Herodes para contarle donde estaba el niño.  Gracias a ese sueño, los reyes volvieron a sus tierras por otro camino, y así protegieron al niño de Herodes.

 

¡Fíjese en todo lo que hace Dios por este niño!  Señales en el cielo, la ayuda milagrosa de extraños, mensajes especiales de Dios, regalos lujosos, y sueños portentosos, protección divina contra gente poderosa llena de maldad.

 

¿Cuántos niños mueren que se hubieran salvado si se hubiera hecho por ellos sólo una de estas cosas?  Una señal que trae ayuda de muy lejos, un mensaje especial de Dios, grandes cantidades de dinero, sueños que protegen contra gente malvada- estas cosas no salvarían a todos los niños de una muerte prematura, pero seguramente muchos se hubieran salvado por cualquiera de estos medios.

 

¿Por qué Dios le da todas estas cosas a Jesús?  ¿Por qué no les da al menos algunas de ellas a todos los niños?

 

Me parece que ambas preguntas tienen la misma respuesta.  Lo primero que sucede después de la caída es que uno de los hijos de Adán y Eva muere a mano del otro.  Dios pudo haber protegido a Abel de Caín por cualquiera de los medios que usó para ayudar a Jesús, pero no lo hizo.  A partir de la caída Dios establece que no obligará a nadie ni a omitir el mal ni a hacer el bien.  Dios llamará y pastoreará- pero jamás obligará.  Y así muere un sinnúmero de niños por el mal de otros seres humanos. 

 

Pero el indefenso niñito Jesús es la mayor esperanza que Dios nos da para sanar el mal que plaga al ser humano.  Jesús es el llamado de Dios al amor.  Y es por esto que Dios usa su poder para evitar que Jesús muera en la infancia.  Él debe morir en la cruz.  Esa muerte es el último y más poderoso llamado al amor.