Donde se ubica la verdad

En las lecturas para Domingo, hay un bosquejo de un mundo maravilloso.

 

En ese mundo, hay ángeles que cuidan a los seres humanos. Hay un gobernante que pastorea a la gente y les protege. Por su poder y su bondad, trae va paz a todo el mundo.

 

También hay paz para la mente perturbada de cada persona. Dios dirige cada corazón incómodo, inseguro, y infeliz a sí mismo; y ya dirigido a Dios, cada corazón puede estar en paz.

 

Hay salvación de pecado y aún hay la santidad. Dios ha redimido su pueblo y les ha consagrado a sí mismo.  Ellos son los santos de Dios.

 

Y hay la gloria.  ¿Quien era Elisabet? Era una Judía ordinaria de su etapa, distinguida por su esterilidad ni por mucho más. Sin embargo, mira a ella en el evangelio, llena con el Espíritu Santo y ejerciendo el oficio de profeta a María, madre del Señor. ¿Ella es gloriosa en este cuento, no?  En el mundo bosquejado en las lecturas, hay la gloria y la belleza de la santidad disponible para todo el pueblo de Dios.

 

Pero considera el mundo cotidiano en que vivimos. Consideremos desde el cumbre: ángeles, gobernantes majestosos, la bondad protegiendo el pueblo, la paz en el mundo, la santidad en nuestros corazones, la gloria en nuestras vidas. Echa una mirada alrededor del mall, escucha las noticias. ¿En cuál mundo viven los escritores de las lecturas?

 

Pero todavía nuestra experiencia de la gracia nos da esperanza en el mundo de las lecturas, ¿no? La fealdad y la maldad, que son tan fácil ver, velan una realidad más profunda, que podemos sentir en los momentos quietos de nuestras vidas, cuando, como María, estamos abiertos a la llamada del Señor.  El mundo cotidiano del mall y de las noticias, que nos parece tan apremiante, es una cosa delgada que se deshará y se disolverá con tiempo. Lo que permanecerá es el mundo de las lecturas.

 

En Deuteronomio, Moisés le dice a la gente, “El Dios sempiterno es tu refugio; por siempre te sostiene entre sus brazos” (Deut. 33:27). Debajo, en el refugio de los brazos eternos, es donde se ubica la verdad de las lecturas.  Y La Verdad detrás de las lecturas se ubica en el vientre de María, esperando nacer.