Inmaculadas(os) y santas(os)

La primera lectura y el Evangelio nos hablan acerca del tiempo en que el Señor viene con justicia (como dice la primera lectura) y a juzgar (como lo sugiere el Evangelio). En el Evangelio, Jesús advierte a las personas acerca de no dejarse agobiar por los placeres y por las ansiedades del mundo sino a estar listos para su venida. Aquellos que no estén listos morirán prácticamente de miedo cuando lo vean.

 

Bueno, entonces, ¿qué necesitamos hacer para estar listos?

 

La segunda lectura lo explica claramente: al retorno de Cristo, debemos ser inmaculados y santos.

 

Y ¿qué es eso?

 

Si usted es legalmente inmaculado(a), entonces nadie puede acusarle de violar la ley de su país; por ejemplo, usted no maneja a alta velocidad, ni miente en su declaración de impuestos, ni viola ninguna otra ley de la ciudad o del país donde se encuentra. Si usted es moralmente  inmaculada(o), entonces nadie puede acusarle de cometer ninguna violación de la ley moral; por ejemplo, usted no miente, ni engaña a su esposo(a), ni viola ninguno de los mandamientos de la ley moral universal que se aplica a todas las gentes, sin importar donde se encuentren.

 

Pero ¿qué es eso de ser inmaculado(a) y santo(a)? La respuesta se encuentra en la segunda lectura: para que estén preparados para cuando venga Cristo, los Cristianos deben crecer y abundar en el amor.

 

Así es que aquí está aquello a lo que debemos prestarle atención. Usted puede respetar las leyes de su país y seguir siendo un verdadero estúpido - y lo mismo se aplica a la ley moral - o aún peor, ser un estúpido mojigato que se cree más que los demás. Por tanto, para estar preparados(as) para cuando venga el Señor es necesario tener algo más que un record impecable de obediencia a la ley. Y ese “algo más”, es el amor.

 

Si usted le desea el mal a su prójimo; si lo(la) maldice en público o en su corazón; si desea que se desaparezca; si le manda al diablo, ya sea en su pensamiento o cara a cara, usted NO la(lo) ama. Y entonces usted es culpable en el ámbito de la santidad por no hacerlo – no importa que tan legalista o moral sea su conducta en otros aspectos.

 

Ser inmaculada(o) en santidad, entonces, exige el ser amoroso(a) y ser amorosa(o) es lo que nos hace estar preparados para el regreso del Señor.