Eso fue entonces, esto es ahora

En el Evangelio de hoy, Cristo está detenido y bajo el poder de Poncio Pilato.  Como ya sabemos, en la próxima parte de la historia Cristo está en la cruz: pobre, deshonrado, dolorido y agonizante.

 

La aceptación por Cristo de estas aflicciones establece el modelo de vida para todo cristiano, y pone de cabeza a los modelos de vida que nos ofrece el mundo.  Lo que la gran mayoría rechaza por ser lo peor, en la crucifixión de Cristo se transforma en el premio mayor. En la cruz, Cristo pone de manifiesto que ganar, en su sentido más auténtico, es lo que el mundo entiende por pérdida. Y por supuesto, viceversa. Pequeña y poco digna es una vida carente de lucha y dolor.

 

Es por esto que Pablo dice que Dios lo dispone todo para el bien de los que lo aman-todo (Romanos 8:28).  Nuestros pecados están incluídos en ese "todo," y no solamente nuestros sufrimientos.  Cuando Pablo le suplicó a Dios que le quitara ya mismo uno de sus pecados, Dios le respondió, "Con mi gracia te basta." (2 Corintios 12:9)

 

Pero fijémonos ahora en la segunda lectura, qué cuadro tan distinto nos pinta, de Cristo y del modelo de excelencia que ha de seguir su pueblo.

 

La segunda lectura nos muestra un Cristo que no es ni pobre, ni deshonrado, ni sufriente, sino rey de reyes y el más poderoso y ensalzado de todos.  Y nos muestra el pueblo de Cristo de la misma manera: no afligido como el Cristo sufriente, sino glorioso en el reino de Cristo.  En este cuadro, todos los miembros del pueblo de Cristo son sacerdotes de Dios, exaltados y ensalzados, y han sido librados de sus pecados––no sólo de algunos, sino de todos.

 

Entonces, ¿cuál de estos dos cuadros––el de Cristo, o el de su pueblo––debe establecer el modelo al que aspiramos?
 Por supuesto, la respuesta es, "¡Los dos!"

 

Hay un tiempo para sufrir, cuando todos los valores y deseos del mundo son puestos de cabeza, un tiempo para luchar con el pecado y el sufrimiento. Pero hay también un tiempo cuando las cosas vuelven a enderezarse y toda lucha termina.

 

En ese tiempo, cada miembro del pueblo de Cristo dirá de cada aflicción: "¡Aquello fue entonces, esto es ahora!" Sólo aquel ahora, cuando desaparecerá todo pecado y sufrimiento, es un eterno ahora. Y es la cruz el sendero que nos conduce hacia él.