Honor

En el Evangelio, Jesús desmerece los maestros de la ley. Él dice que ellos se visten de ropa extraña y hacen oraciones largas para que otros se fijen; y que los maestros quieren estarse fijados porque les gusta recibir honores.  También ellos pillan las viudas.

 

Viudas suelen tener poco dinero y menos poder.  Una persona que pilla las viudas en verdad es deshonroso.  Pero los maestros de la ley son deshonrosos aun solo por afanarse honores, ¿no?  ¿Si vieras tu madre tratando de conseguir de otros el honor, no te avergonzarías por ella? Hay algo vergonzoso del tratar de conseguir honor.

 

Síguese que Cristianos no se deben preocupar de honor. De hecho, si una persona que prosigue honor es vergonzosa, pues parece que una persona que trata de no preocuparse de honor es honrable.  Así pues parece que debe ser una marca de honor para los Cristianos que desdeñan el honor.

 

Pero aquí, las cosas pueden empezar de perder control.

 

Supongamos que prosigues el honor de desdeñar el honor.  ¿Te hace este proseguir de honor como los maestros de la ley? Si es vergonzoso proseguir el honor, ¿es vergonzoso también proseguir el honor de desdeñar el honor?

 

Y si es vergonzoso afanarse de honor y también vergonzoso de afanarse desdeñar el honor, ¿no hay ninguna senda hacia el honor?

 

Merece fijarnos que en el Evangelio, Jesús distingue una viuda para honrarla. Pobre que sea, ella da de lo poco que tiene para ayudar a ellos que tienen menos que ella.  Jesús alaba a ella y la singulariza como ejemplo de bondad.  ¡Estar alabado por Jesús es un honor verdadero por cierto!

 

Pues, ¿cómo obtuvo esta viuda esta honor singular?

 

Primero, fijémonos que ella no estaba prosiguiendo el honor como los maestros de la ley.  Aunque Jesús se la fijaba, ella no estaba tratando de atraer atención.

 

Segundo, fijémonos que tampoco ella no estaba tratando de desdeñar el honor.  La única cosa que ella trataba de hacer era ayudar a los necesitados.

 

Pues, su comportamiento muestra la solución a la enigma de honor.  La única verdadera senda hacia honor es amar al bueno y no prestar ninguna atención a honor por cualquier modo.