No estás lejos del Reino de Dios

En el evangelio de hoy, un escriba le pregunta a Jesús: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?”

 

Quizás la razón para hacer esta pregunta sea la misma que nos lleva a preguntar: “¿cuáles son las tareas más importantes en este curso? Un estudiante que se interesa por esa información está intentando hacerse una idea de lo que es indispensable para aprobar el curso. Si hace bien lo más importante, puede que se libre de tener que hacer lo demás.

 

Como respuesta a la pregunta del escriba, Jesús le dice no solo cuál es el primer mandamiento de todos, sino también cuál es el segundo. Tomados en conjunto, estos dos mandamientos se hacen cargo de todo. “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. [Y] …Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Por lo tanto, si el escriba cumple con lo más importante, ¿no podríamos entonces suponer que habrá hecho casi todo? Si lo que esperaba era un atajo para librarse de tener que hacer todo lo requerido para el reino de los cielos, estos dos mandamientos le harán ver que no tiene escapatoria. Si no lo hace todo, no habrá hecho casi nada, porque en ese caso habrá omitido lo más importante.

 

Algo que al escriba le gusta en la respuesta de Jesús es que prioriza la moral sobre lo ritual. De modo que por lo menos ha encontrado algo que no es crucial. La obediencia hacia estos mandamientos es mejor que el sacrificio, le responde afirmativamente el escriba a Jesús.

 

Jesús no discrepa, mas le dice al escriba: “No estás lejos del Reino de Dios”.

 

¿Que no está lejos? ¿Cómo puede el escriba quedar distante de alguna manera si comprende estos mandamientos y los acepta como lo más importante?

 

Esto es lo que tenemos que considerar: ¿Quién ama a Dios con todo su corazón? ¿Quién ama a su prójimo como a sí mismo? Si obedecer estos mandamientos es lo más importante, ¿qué esperanza queda para todos nosotros?

 

La respuesta es: Jesús. El es el Salvador, que vino a rescatar a las personas de su incapacidad para obedecer los mandamientos más importantes. Toda esperanza verdadera del reino de los cielos que podamos tener se funda en él.

 

Así que el escriba, que está junto a Jesús, no está lejos del reino de los cielos solo en un sentido.