Lavarse las manos antes de la cena

En el Evangelio de hoy, Jesús y los fariseos sostienen una discusión pública sobre la tradición judía de lavarse las manos antes de cenar.  Jesús menosprecia a los fariseos y su tradición haciéndoles una crítica mordaz.  Tilda a los fariseos de "hipócritas" que se llenan la boca para hablar de Dios sin llevarlo en el corazón.

 

Entonces, ¿qué nos dice esta historia de la tradición?

 

Pudiéramos pensar que si aferrarse a la tradición les gana a los fariseos la crítica del Señor, ¡tanto peor para la tradición!

 

Sin embargo, ¿qué haríamos sin la tradición?  Toda nuestra práctica y conciencia religiosa, incluso nuestros credos, han sido moldeados por la tradición.

 

La solución del enigma está en el relato mismo.  Cuando los fariseos le preguntan a Jesús por qué sus discípulos no guardan la tradición de lavarse las manos, su interrogante no nace de la curiosidad.  Es un reto a todo su ministerio.  Según el punto de vista de los fariseos, nadie que no guardara la tradición de lavarse las manos podía ser un enviado de Dios.

 

Las tradiciones trasmiten algo valioso de generación en generación.  Pero la tradición a que se aferran los fariseos no trasmite verdaderamente al Dios de Moisés, ¿cierto?  ¿Qué clase de Dios basaría su aceptación o rechazo de una persona en que ella se lavara o no las manos antes de cenar?  ¿Dónde está el Dios justo, misericordioso y amoroso de Moisés en esta perspectiva de los fariseos?

 

En la primera lectura, Moisés le ordena al pueblo que trasmita los mandatos de Dios sin sumar ni restar ni un sólo punto.  El Credo de Nicea, que forma parte de la tradición que constituye nuestra fe, no viola esta orden de Moisés, porque el Credo de Nicea no cambia las enseñanzas bíblicas.  Sólo las desarrolla e ilumina con mayor profundidad.

 

Sin embargo, cuando los fariseos ponen la costumbre de lavarse las manos por encima de la bondad de Cristo, no trasmiten lo que Moisés les entregó.  Lo destrozan en nombre de la tradición.  Y es por esto que Jesús dice que la tradición de los fariseos es una tradición de hombres.  A estos defensores de la tradición religiosa se les ha ido de la mano aquello que se supone debían trasmitir, la bondad y el amor de Dios.  Es por esto que Jesús les dice "hipócritas".

 

Debe servirnos de lección, ¿cierto?