Contento con las privaciones y la debilidad

En la segunda lectura, Pablo dice que él está contento con la debilidad, los insultos, las dificultades y las persecuciones.  ¿Por qué estaría contenta una persona racional con estas cosas?  Todas parecen ser precisamente la cosa que uno quiere evitar si es que se puede.

 

Pues, ¿Con qué estaría contenta una persona?  ¿Qué tal la beatitud?  Eso sería digno de satisfacción, ¿No?  Pero en el Sermón de la Montaña, Cristo relaciona la beatitud con la persecución: Dichosos los que son perseguidos por causa de la justicia (Mateo 5,9).  En realidad, justo en el siguiente versículo, Cristo también relaciona la beatitud con ser insultado.  Y ahora es fácil ver por qué alguien estaría contento con las persecuciones y los insultos, así con las privaciones también.  La beatitud los acompaña.

 

Entonces, el cristianismo da la vuelta a los estándares del mundo.  Cuando seguimos a Cristo y sufrimos la persecución, los insultos, y las privaciones con él, no estamos entre los perdedores del mundo.  Somos los ganadores del premio.  ¡La beatitud es nuestra!

 

Pero eso aun deja la debilidad.  Pablo dice que su propia debilidad viene de Satanás.   Y, claro, un tipo de debilidad que viene de Satanás es el pecado. ¿Podría alguien––debería alguien––estar contento con su propio pecado?

 

¡Claro que uno no debe aceptar sus pecados!  ¡Fuera con los pecados!  ¡Fuera con los pecados AHORA!

Solamente expresar el pensamiento de esta manera explica la idea de Pablo, ¿Verdad?

 

Las privaciones, el insulto, la persecución, y sobretodo el despreciable pecado que nos acosa no son nuestro estado final.  La belleza y el amor, en la vida con el Señor, son nuestro estado final.  Estas cosas son nuestra casa.  Pero no llegamos a casa a solas.  Solo Dios tiene la sabiduría y el poder para llevarnos allí.  Así que le tenemos que esperar, aun para la extracción de esos pecados de los cuales tanto quisiéramos deshacernos––y que, a la vez, tanto quisiéramos guardar.

 

Y eso es por qué Pablo puede estar contento aun con la debilidad, y por qué nosotros podemos tener paciencia aun con nuestros propios pecados.  La gracia de Dios es suficiente para cada uno de nosotros, no solamente cuando se trata de los insultos y las privaciones, pero también cuando se trata de nuestros pecados.  Si solamente no dejamos de esperarlo con confianza, con contentamiento, él nos librará de nuestros pecados a su propio tiempo.  Él nos llevará a casa.