Personas hasta el fondo

Los cristianos creen en un Dios, y en un solo Dios.  Pero en el corazón del cristianismo es la creencia de que este Dios único es tres Personas, el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo.  Contamos un solo Dios.  Pero cuando contamos Personas divinas, contamos tres.1

 

Una manera de la cual podemos contemplar la doctrina de la Trinidad es reconocer que no es posible dejar de contar de esta manera tan extraña.  No puedes dividir el Dios uno en tres cosas más fundamentales, las cuales constituyen el Dios uno.  Dios no es un compuesto de nada más básico.  Uno es todo lo que hay, cuando se trata de Dios.

 

Pero aquí es lo distintivo de la doctrina de la Trinidad: todavía tienes que contar tres.  Las tres Personas de la Trinidad, en realidad, no son ninguna otra cosa.  No son operaciones de Dios, ni modos de Dios.  No puedes reducir las tres Personas de la Trinidad a algo más básico para llegar--al fondo--a sólo UNO.  En sí, ellas son simplemente Personas y son tres.

 

Algunos secularistas suponen que todo lo que existe se puede reducir a partículas elementales.  Para los secularistas, en la fundación fundamental de la realidad existe solo lo impersonal, los trozos indiferentes y fríos de materia y energía que constituyen el mundo material.

 

Lo que nos dice la doctrina de la Trinidad es todo lo contrario.  En la fundación fundamental de la realidad, irreducible a ninguna otra cosa, hay tres Personas de la Trinidad.

 

Hay una historia que se cuenta de una anciana que creía que la Tierra era plana y descansaba sobre la espalda de una tortuga gigante.  Cuando le hicieron la pregunta: “Sí, pero ¿Sobre qué descansa la tortuga?”  Dijo ella despreocupadamente, “¡Oh, son tortugas hasta el fondo!”

 

Estaba equivocada, desde luego, y los secularistas se equivocan también.  Sea lo que sea su forma, el cosmos descansa sobre las Personas bondadosas y cariñosas de la Trinidad.  Para los cristianos, son Personas hasta el fondo.

 

Esta es una doctrina que vale la pena celebrar.

 

 

1. El sentido de ‘Persona’ aquí es técnico.  Tradicionalmente, su significado es el que Boecio ofrece: una sustancia individual de naturaleza racional (De persona et duabus naturis, c. 2).