Médicos sin fronteras

La organización de ayuda internacional “Médicos sin fronteras” cuenta con 27.000 profesionales del campo médico en 60 países, donde traen medicamentos esenciales y dan tratamiento médico a muchos que no lo tendrían si no fuera por ellos.

 

La ciencia médica que usan viene de los países industrializados del occidente; pero nadie piensa que haya un elemento exclusivista, arrogante o intolerante en la manera de trabajar de los “Médicos sin fronteras” porque traigan el cuidado médico occidental a los pobres y enfermos del tercer mundo.  Todo lo contrario, en 1999 los “Médicos sin fronteras” recibieron el Premio Nobel de la Paz por su labor con los más necesitados del mundo.

 

Hay una realidad objetiva sobre lo que sanará a los enfermos, y el hecho de que la medicina moderna venga del occidente industrializado no cambie esta realidad.  La medicina occidental es apreciada por el mundo entero por su singular capacidad de sanar.

 

Lo que nos dice Pedro sobre Jesucristo en la primera lectura es semejante: hay una enfermedad del espíritu además de la del cuerpo, y ella también nos puede llevar a la muerte, aunque la muerte del espíritu más bien que del cuerpo.  Hay una cura para esta enfermedad espiritual; pero, nos dice Pedro, viene sólo de Jesucristo.  Cristo tiene un poder único para sanar.

 

Esta es la lección de la primera lectura.

 

En el Evangelio, Jesús añade a esta lección el hecho de que tiene más que un solo rebaño de ovejas.  En los diversos países, culturas, y etnias, todos aquellos que escuchan su voz y se regocijan en ella forman los distintos rebaños cuyo Buen Pastor es Jesucristo.  El conjunto de todos estos rebaños forma el único rebaño del Señor, un rebaño realmente mundial.

 

Así que hay una sola realidad objetiva sobre lo que sana, tanto en la medicina como en lo espiritual; y hay una sola fuente de esta cura.  Pero, distinto a la medicina moderna, la cura que ofrece Cristo no es otro monopolio de las naciones industrializadas del occidente.  No importa cuál sea su grupo social o étnico, cuál sea la manera en la que le viene la voz de Cristo y le mueve, toda persona cuyo corazón es conmovido por la voz del Señor está incluida en el único rebaño de Cristo.

El médico sin fronteras definitivo es Jesucristo.