Gloria, gloria, aleluya

Quinto Domingo de Cuaresma

 

En el Evangelio, unos griegos piden ver a Jesús.  Jesús responde diciendo que todo el que ama su vida la perderá; para ganar la vida, hay que ser como un grano de trigo que da mucho fruto sólo cuando cae a la tierra y muere.  Los griegos deben haberse quedado perplejos.  ¿Qué tiene que ver este discurso con su petición de ver a Jesús?

 

Pero considera a esos griegos.  A Jesús lo ven como una estrella de rock.  Ni siquiera piden hablar con el gran hombre.  Sólo quieren verlo.  Y no se atreven a acercársele directamente.  Simplemente se acercan a uno de sus amigos, Felipe, y le dicen "Señor"- "Kyrie".  Ni los fans de Lady Gaga tratarían de "Señor" a uno de sus amigos, ¿cierto?

 

La respuesta de Jesús ayuda a esos griegos a verlo – al verdadero Señor, no a la estrella de rock que buscaban.  El verdadero Señor no vino a buscar estatus y poder.  Él vino a perder la vida, a caer y morir como un grano de trigo.  Jesús va al grano sin rodeos al final de su respuesta a los griegos.  Él termina con una oración: “Padre, glorifica tu nombre.”  El verdadero Señor vino a buscar la gloria de Dios, no la suya.

 

La parte final de la lección para los griegos, y para nosotros, llega en la respuesta de Dios a la oración de Jesús.  Dios honra a Jesús respondiéndole en alta voz: "¡He glorificado mi nombre, y lo glorificaré de nuevo!"  “Esta voz no vino para mí, sino para ustedes," le dice Jesús a los testigos atónitos.  La voz de Dios vino a concluír la lección: Dios honra a los que buscan honrarlo.

 

Entonces, la verdadera gloria no se encuentra en la fama de una estrella de rock, sino al contrario en estar dispuesto a caer y morir como un grano de trigo.  Está en la disponibilidad a dejar ir, a perder la vida en este mundo por amor a la gloria del nombre de Dios.

 

Y así los griegos reciben lo que pidieron.  En la respuesta que les da Jesús, ellos y nosotros vemos al verdadero Señor, y con el verdadero Señor vemos el camino para alcanzar la gloria en nuestras vidas también.  ¡Gloria, gloria, aleluya!