El manual de instrucciones

Tercer Domingo de Cuaresma

En los Diez Mandamientos (la primera lectura), Dios nos da el manual de instrucciones básicas para la vida.  En otro lugar, en el Sermón de la Montaña, ese manual de instrucciones es suministrado con más detalles.  Los Diez Mandamientos prohíben matar.  El Sermón de la Montaña exige además amar a tu enemigo, darle la otra mejilla, etcétera.

 

Tales reglas son útiles, pero es difícil saber en qué circunstancias aplicarlas.  Supón que apliques el precepto de dar la otra mejilla a alguien que está golpeando a su esposa.  Si interpretas que no debes impedírselo, simplemente cooperas con su maldad.

 

El truco es entender que el precepto de dar la otra mejilla tiene que ser aplicado dentro del contexto de una regla más amplia: ama a tu enemigo.  Si le permites a tu enemigo hacerse más malvado, ¿cómo puedes decir que lo has amado?

 

En el Evangelio Cristo usa un azote para expulsar a los cambistas del Templo.  Al hacer esto, nos ayuda a entender cómo aplicar su enseñanza.  Cuando dar la otra mejilla empeoraría a tu enemigo en vez de mejorarlo, amar a tu enemigo requiere ayudarle a detener su maldad de alguna otra manera.  Y es por eso que el mismo Cristo que dio el Sermón de la Montaña expulsa a los cambistas del Templo.  Si hubiera dado la otra mejilla a los cambistas, él habría sido cómplice de su maldad.  Pero es para el bien de ellos, así como el de los demás, que paren la maldad que están haciendo.  Y por eso Cristo usa la fuerza para detenerlos.

 

He aquí, pues, el punto en que nos debemos fijar.  El manual de instrucciones de Dios para la vida no se limita sólo a los Diez Mandamientos y el Sermón de la Montaña.  Hay un dicho medieval: Cada acto de Cristo es una enseñanza para nosotros (omnis Christi actio nostra est instructio).  La vida y acciones de Cristo, como están expuestos en los evangelios, son nuestra mejor ayuda para ver cómo vivir bien nuestras vidas.  Nuestro mejor manual de instrucciones es Cristo mismo.