El arco iris y la bondad de Dios

Primer Domingo de Cuaresma

En la primera lectura de este domingo, Dios le da a Noé la señal del arco iris como un símbolo de su alianza: nunca más hará Dios lo que acaba de hacer, destrozar a todo con un diluvio.


Pero, ¿por qué no está suficientemente mal el hecho de que Dios lo hiciera una sola vez?  ¿Dónde está la bondad de Dios en la historia del Diluvio?  El tratamiento médico para algunos cánceres nos ofrece aquí un análogo útil.  En el caso de algunos cánceres mortales, los médicos pueden intentar un trasplante autólogo de la médula ósea.  El médico le saca la médula ósea del paciente y busca en ella algunas células que no sean cancerosas.  Mata las células cancerosas que quedan.  Pero clona las células sanas y las devuelve al paciente.  Con esta medida severa y dolorosa, hay una posibilidad que él pueda salvar la vida de su paciente.

 

 

En la historia del Diluvio, Dios intenta el análogo de este mismo procedimiento con la raza humana, la cual está infectada por el pecado de Adán y condenada a la muerte por ello.  Dios toma a algunos seres humanos moralmente sanos y los pone en un mundo nuevo, para reproducirse allí.  La población moralmente enferma y destructiva del mundo antiguo muere en el Diluvio de Dios.

 

Sólo hay esta diferencia: en la historia del Diluvio, la selección entre los enfermos y los sanos está hecha por la gente misma.  Los que no están en el arca de Noé no quieren estar en ella. Se burlan de Noé aún por construir el arca.  Para entrar en el arca, tendrían que reconocer sus pecados y aceptar la solución de Dios para su seguridad.  Estarían entre los sanos si se arrepentieran, pero esto es lo que se niegan a hacer.

 

 

Así el arco iris, que es la señal de la alianza de Dios, es también una señal de su bondad.  Aún en el Diluvio, el arca de Dios estuvo allí, para protegerles de la muerte a los que querían estar en ella.

 

Como la lectura del evangelio lo deja claro, el arca siempre está allí, en Cristo, quien llama al arrepentimiento y lleva a la salvación a todos los que no rechazan la bondad de Dios.